A menudo escuchamos
decir a alguien “volví a vivir” cuando salva su vida de un gran
accidente o cosa similar, agradeciendo a Dios de una nueva oportunidad.
Personalmente dije en septiembre de 1999 “volví a vivir”, pero
en mi caso no fue por un accidente sino porque la vida (hasta
ese momento) me había condenado a luchar con o contra la obesidad.
Es una lucha
desigual casi con conocimiento del final, se pone esperanza, sacrificio,
fe y en la mayoría de los casos la esperanza se esfuma, el sacrificio
no sirve y la fe se convierte en depresión cuando vemos que no
hay resultados y que la brecha dentro de la expectativa se achica
cada día convirtiéndonos en enfermos incurables. La constante
búsqueda, mi familia en especial mi esposo y mi hija
hicieron posibles las cosas, cuando conocí al Dr. Carlos Casalnuovo.
Cuando después de las charlas, los estudios, los análisis, me
dijo con la serenidad que ocupa el saber "quiero operarte
el 13 de septiembre, y a partir de ahí vas a estar bien."
Entonces supe que me daba la oportunidad de vivir como la vida
merece ser vivida. No tuve dudas...
Un año y medio
después había perdido 62kg. y había ganado una tonelada...
(una tonelada de ganas de estar viva). Si tengo que comentar lo
no positivo de la operación, quiero decir que existen algunos
inconvenientes, sobre todo en el nuevo hábito de alimentación,
en que debemos resignar un montón de cosas, pero, desde ya, nada
es comparable al sufrimiento de lo anterior. Entiendo perfectamente
que la cirugía bariátrica es una solución extrema, pero justamente
para quienes estamos en situación extrema.
Día
a día agradezco a Dios, porque soy creyente; a mi familia quien
me dio total apoyo moral y económico, resignando otras cosas;
y al Doctor, a quien considero que nunca podré pagar lo que por
mí ha hecho. Su vida llena de capacidad y sabiduría, está llena
de humildad y vocación de trabajo denodado en pos de nosotros...
los gordos, a quienes hoy la ciencia dijo “hay algo para ustedes
que los va a llenar... pero esta vez de felicidad”.